viernes, 22 de mayo de 2009

¡Tenemos un Congreso Pidata!

Hoy escuché a Carlos Ugalde en entrevista con Ezra Shabot, quien al final habló del abstencionismo que se vislumbra para las elecciones del 5 de julio; crucé eso con lso comentarios de Maite sobre anular el voto, no votar y demás, y no lo entendí hasta que me puse a pensar en el asunto en términos de mercado.

Luego de esta reflexión ahora considero a los llamados a no votar iguales a las campañas que el gremio de productores de cine difunde en los cines de México para que la gente no compre películas piratas. Y es que viéndolo bien, la oferta política que nos presentan para esta elección, y que nos han presentado en casi todas las más recientes elecciones parece piratería respecto de lo que una oferta política decente debería ser. Prácticamente podríamos decir, como las niñas del anuncio del cine, que ¡tenemos un congreso pidata!

Para explicarlo y entenderlo ayuda mirarlo de la siguiente manera: alguien alguna vez habló de que una elección es como una entrrevista de trabajo. Si el caso fuera tal, difícilmente contrataría a alguno de los candidatos que se postulan para estos comicios, y a los que hubiera contratado en las elecciones pasadas los hubiera cesado. ¿Y por qué?, por obvias razones: el trabajo que hacen para nosotros es patético, el producto que nos entregan es lamentable y además nos cuestan una fortuna. Si antes el dicho era que X era más caro que un hijo idiota en Harvard, ahora podría cambiar a que X sea más caro que 500 diputados en San Lázaro (y ahí ya habríamos descontado a los 128 Senadores).

628 legisladores que trabajan poco nos cuestan mucho; le cuestan al país una fortuna, y más considerando que cada fin de semana se regresan a sus localidades de origen, disfrutan de viáticos, servicios y demás. Estoy de acuerdo en el servicio a la patria (que se supone es lo que hacen) no tendría por qué costarles a ellos, pero no con el hecho de que cada semana tengan boletos de avión (que cuestan lo que un boleto a Europa) para regresar a sus lugares de origen. Deberían irse en camión, como lo hace la mayoría de la gente que labora en un lugar y tiene a la familia en otro, o los emprendedores que tienen que trasladarse a distintas localidades para tratar de arrancar negocios que, a diferencia del de San Lázaro y Xicoténcatl, sí produzcan riqueza, generen empleos y contribuyan al producto interno bruto. Y, por si fuera poco, además nuestros egregios legisladores gastan un dineral en viajecitos al extranjero, eso sí, con cargo al erario (basta ver el tour que se dio Ruth Zavaleta, en sus últimos días como Presidenta de la Mesa Directiva de Diputados a Rusia, y ya de paso a Italia, y los que quienes están en esos puestos ahora realizan).

Y no nos podemos librar de ellos porque tienen el sartén por el mango: la demanda por su producto, por paupérrima que sea su calidad, es absolutamente inelástica puesto que necesitamos leyes para vivir en sociedad; son un monopolio, pues constitucionalmente sólo puede haber un congreso federal y uno en cada Estado de la República, y además los proveedores de legisladores (los partidos políticos) están cartelizados, a través de lo cual fijan precios y posturas que les permiten "atrincherarse" en sus posiciones. Y no veo forma en que cambien mientras no nos logremos librar del "sistema de partidos" y se aprueben las candidaturas independientes.

Mientras, se llenan la boca hablando de que son miembros de la "clase política"; ¡háganme el favor, "clase política"! ¡Como si formaran una oligarquía platónica que hubiera llevado a este país al primer mundo, la equidad, bienestar y desarrollo! Nuestra clase política no es una oligarquía platónica; es, en su mayoría, una plaga de sanguijuelas que nunca ha trabajado ni ganado un peso con su esfuerzo, sino que succionan abundantes recursos del erario público brincando de una curul a una secretaría, a una gubernatura, municipio, etc.

De verdad que el Partido Nueva Alianza también me resulta antipático, pero el otro día que circulaba por Periférico vi un espectacular de ellos con una frase que me encató (aunque incluso ese mismo partido no la practica): "Que los becados sean los estudiantes, no los políticos". Mientras tanto, aunque no los comparto ahora entiendo a los llamados al abstencionismo como a las campañas contra el consumo de artículos piratas, y como decían las niñas del comercial en el cine creo que: ¡Tenemos un Congreso Pidata!

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