martes, 27 de enero de 2009

Más rechazo a la globalización ¿homogeneizadora?

En el 2002 se organizó un fuerte movimiento ciudadano en Oaxaca, para evitar el establecimiento de una franquicia de comida rápida de McDonald's en el zócalo de esa típica y colonial ciudad (http://www.jornada.unam.mx/2002/12/11/06aa1cul.php?origen=opinion.html).

Aquello que en su momento fue criticado por unos como un hecho reaccionario, contrario a la inversión en la localidad y coartante del derecho de quienes gusten de esa comida para tenerla a la mano en el lugar (no olviden la cantidad de turistas que viajan a ese lugar y quisieran contar en él con esos productos), y apoyado por otros como defensa de la identidad propia del lugar y lucha contra el imperialismo, la globalización, etc., se manifiesta muy similarmente hoy día en Italia.

Se da cuenta en un diario (http://www.eluniversal.com.mx/notas/572212.html) de la prohibición que se habría establecido en un ordenamiento de la ciudad de Lucca (http://es.wikipedia.org/wiki/Lucca), en la Toscana (http://es.wikipedia.org/wiki/Toscana), para impedir el establecimiento de restaurantes "étnicos", buscando "preservar su tradición culinaria".

El cuestionamiento más inmediato es la definición de "étnico" para efectos de la aplicación de la norma; si por étnico se entendiera todo aquéllo que no fuera italiano, o propio de un grupo distinto del italiano, perdón pero la prohibición rayaría en la discriminación. Démonos cuenta que en muchas ocasiones, cuando los inmigrantes llegan a otro país su recurso para salir adelante es montar restaurantes, porque aunque tengan o carezcan de profesión pueden cocinar, y que la comida que mejor pueden preparar es la de sus lugares de origen.

De otro lado, la existencia de restaurantes de diversas especialidades enriquece la cultura del lugar donde los hay, y la falta de los mismos la empobrece. Recordemos la oferta restaurantera en México hasta los '80s, cuando todos los restaurantes que no eran de comida típica o de carnes eran de "comida internacional", lo cual implicaba que tenían un poco de todo lo más común e, invariablemente, pastas italianas.

Afortunadamente la oferta culinaria de la ciudad se ha enriquecido, y más allá de sushi pastoso con queso philadelphia en la Ciudad de México tenemos cocina española; francesa; italiana; libanesa; griega; mediterránea; thai; china (y con variantes regionales); japonesa, además de la rica cocina oaxaqueña, yucateca, mazatleca, etc ...

De otro lado puede también ser cuestionable el "efecto homogeneizador" de la globalización al que Maite se refería en su nota sobre el Centro Histórico. En lo particular, me desagrada viajar al extranjero (e incluso a otras regiones de mi país) y encontrarme restaurantes y cafés de franquicia por todos lados; prefiero degustar los sabores y aromas locales que irme por comida y bebida que finalmente puedo encontrar en cualquier otro lado. Pero ese es mi gusto y mi opinión.

Habrá gente que querrá tener a la mano lo mismo que en su lugar de origen; habrá a quien le dé seguridad la familiaridad de las cadenas que existen en sus propias ciudades y que no tendrán interés por nuevas experiencias culinarias ya que sólo viajan por negocios o se encuentran circunstancialmente en los lugares a los que viajan.

En cualquier caso, sigo creyendo que el mecanismo más eficiente para servir de fiel a esa balanza es el mercado mismo: si los lugareños y visitantes de ciudades como Oaxaca o Lucca no quisieran comida rápida o étnica en esas ciudades, el mercado mismo se encargaría de impedirle a esos restaurantes establecerse y mandaría el mensaje a los que quisieran hacerlo. No comparto la idea de que la imposición del proteccionismo envuelto en la bandera (del país que sea) sea el mejor modo de lograr lo anterior.

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